Mar. Abr 16th, 2024

    (CNN Español) — “Aquí hay muchos rusos”, brindado en inglés por Sviatoslav, un ruso de 28 años que vive en Argentina y prefiere no dar su apellido. Salí con su familia en noviembre para que naciera aquí su segundo hijo y no habla español.

    Ellos son parte de las parejas rusas que deciden vivir y dar a luz en Argentina, un fenómeno que viene creciendo desde 2022. Y tienen muchas razones para elegir Argentina como un lugar donde se distancian de su país, donde la invasión de Ucrania y la guerra en curso desde la fiebre del año pasado ha creado un estado de incertidumbre e islamismo internacional.

    El país del Cono Sur es uno de esos que no requieren visa para los viajeros rusos, y donde, además de la calidad de la medicina, también puedes residir legalmente con un solo hijo nacido allí, y años después convertirte en ciudadano.

    “Estamos notando un aumento gradual desde principios de 2022, muy gradual al principio con una proyección, un crecimiento exponencial hacia el final del año”, dice el Dr. elegidos por las madres rusas para tener sus hijos.

    Aunque no hay estadísticas oficiales disponibles, solo en Finochietto los números son elocuentes: a principios de 2022, solo tienen una o dos partes para mí. Pero en diciembre, de un total de 180 participaciones, 50 correspondían a madres rusas.

    La mayoría de mujeres rusas que acudieron a dar a luz no hablan español y muchas asisten a las visitas médicas y la parte de traductores que se suman al equipo médico, señala desde el sanatorio.

    “En algunos casos cuando el paciente no trae traductor, a veces con el inglés puede ser porque es el idioma más universal. Muchas tienen un buen manejo, pero hay algunos pacientes que por lo tanto tienen un manejo más limitado y en estos casos debemos recurrir a las aplicaciones del celular, con las cuales se logra una comunicación aceptable, digamos”, explica el Dr. Manrique.

    ¿Por qué elegir Argentina?

    “Es porque es un país sin visa. Es un país muy libre”, dice Hanna Shaforostova, una refugiada ucraniana de 28 años que llegó al país hace ocho años y que, hace unos meses, ha estado ayudando a monjas rusas que quieren establecerse en el país.

    “Nunca pensé que viviría en América Latina. Es muy, muy lejos de Rusia”, sostiene Sviatoslav, quien trabajaba a distancia para una empresa francesa y está casado con Vera.

    Vivian en Moscú, tenía dos hijos y estaba construyendo su casa allí. Pero poco antes de la llegada del último, Daniel, decidió venir a Argentina para nacer en este país latinoamericano.

    “Creo que es como otra vida. No sabía lo que iba a gastar en Rusia el próximo año o los próximos cinco años. Están pasando cosas realmente terribles en Ucrania y otras cosas en Rusia. Así que no estoy seguro de que sea un buen país para vivir en los próximos diez años más o menos”, explica mientras camina con sus hijos por un parque del barrio de Palermo.

    “Aquí la gente es mucho más abierta”, comenta, y añade: “Era raro ver gente haciendo deporte o yoga en los parques. Nosotros no tenemos eso en Moscú”

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    Papeles, buen trato y gastos

    Hay varias razones por las que los rusos se sienten atraídos por Argentina: es uno de los pocos países en los que actualmente pueden ingresar sin visa y tramitar la residencia legal, lo que les permitirá convertirse en ciudadanos argentinos después de dos años de residencia.

    El pasaporte argentino también permite ingresar a más de 170 países sin visa, muchos de los cuales actualmente están prohibidos para los rusos por las sanciones relacionadas con la guerra en Ucrania.

    Además, para quienes quieren ser sacerdotes hay otras razones: sus hijos automáticamente son argentinos solo por haber nacido en el país y destacan la alta calidad de la atención médica para las mujeres avergonzadas, que es mucho más barata que en otros países, o incluso gratuita en los hospitales públicos.

    “Tenemos en cuenta que no es común que una madre en un embarazoso tercer trimestre deje su lugar, su familia, su negocio, su pertenencia, su zona de confort para irse a otro país. Entonces, para nosotros, dado que la obstetricia es una golpees una cosa nueva”, sostiene Manrique.

    “Una mujer que fue parte de Rusia y nunca querrá tener un hijo en Rusia, ¿por qué? Porque las tratan muy mal, te dicen que no grites, que te calles, que no camines, que no tengas un parto hermoso y aquí hay de todo para tener un parto hermoso”, dice Shaforostova, quien dice que en Ucrania hay no hay un trato muy diferente.

    Ella, que se casó en Argentina y tiene dos hijos, recibe cada día más consultas de rusas que quieren parir en Argentina y radicarse en el país: entre 40 o 50 días. “Todo el día estoy con llamadas y mensajes. Me llegan muchas consultas”, dice.

    La economía también pesa: la vida en general en Argentina es más barata que en Rusia, sobre todo para quienes ganan en rublos o dólares, y las agencias que ayudan a las mujeres a instalarse en el país sostienen que forman parte de una clínica privada argentina que es mucho más barato que en otros países de la región.

    “El hospital estuvo muy bien. Mucho mejor y mucho más barato que Rusia”, informa Sviatoslav. Su mujer, Vera, hizo una parte en Moscú y otra en Buenos Aires, y muestra las fotos de la comida que tenían en sus manos: la de la clínica de Buenos Aires es mucho más abundante y parece un plato de un restaurante

    La no discriminación es otro de los puntos que destacan a los rusos en Argentina: “Es un país muy amigable para los inmigrantes”, dice Sviatoslav.

    “Nunca tuvimos discriminación. Es un trato espectacular. Los rusos que están sorprendidos por el buen trato que tienen aquí”, agrega Shaforostova.

    La libertad es otro punto que, dice, pesa mucho. Es mucho.

    “Mucha gente decía: ‘¿Y por qué los rusos no salen a la calle para decir que están contra la Guerra?’. No puede. Conoces casos en los que la policía se estaba entrometiendo en los departamentos. No se puede hablar mal de Putin”, afirma, categórica, Shaforostova.

    Víctor Feshchenko, que llegó a Buenos Aires en diciembre, lo confirma. “No soy activista, pero participé en algunas marchas. Pero después de dos grandes protestas, la policía llegó a la casa de mis sacerdotes y advirtió que no era parte de estas manifestaciones”.

    Por eso, no todos vienen a tener a sus hijos o porque están condenados a tener pasaporte argentino.

    “No pensábamos que teníamos un hijo para legalizarnos en Argentina o recibir la nacionalidad argentina. No, solo queremos un hijo y lo queremos donde estamos. Como es Argentina, posiblemente, aquí vamos a tener un hijo”, utiliza un español MUY claro, aprendido en sus años en la universidad de Moscú.

    Huyendo de la Guerra

    Feshchenko y Lisa originalmente vivían en Moscú. Pero cuando empezó la guerra decide abandonar Rusia y finalmente llegar a Buenos Aires en diciembre.

    “Cuando estalló la guerra dijimos que no podíamos estar en el país que inició el conflicto y el que mata a nuestros vecinos. Muera la gente del país que tanto queremos y donde pasamos días de nuestra vida y hablamos que no queríamos ayudar a la economía de Rusia con nuestros impuestos”, dice.

    Por eso, primero fui a Georgia, un país vecino para el que no necesito visa. Pero cuando veo que la guerra continúa, me pongo a buscar otras opciones: no quiero estar en un país cercano a Rusia porque los consideran inestables y Europa, por las sanciones impuestas, está cerrada a los rusos.

    “Por eso hablamos de buscar algo en Latinoamérica y nuestros amigos llegarán a Argentina en julio a trabajar. Trabajan de forma remota para Rusia. Y nos dicen que Argentina es un buen país y aquí todo está bien, menos la economía”, explica Feshchenko.

    Si trabajas a distancia para Rusia, lo que aseguran es un buen resultado para los estándares argentinos, cumplir con tu dinero es complicado.

    “Los problemas de la economía argentina, combinados con los problemas de sanciones en Rusia, son un cóctel muy serio”, pronunció entre risas.

    Debido a las restricciones cambiarias argentinas, el uso de una tarjeta de crédito es una desventaja para los extranjeros. Es conveniente cambiar sus dólares en el mercado informal o recibir estipendios, los cuales se liquidan a una cotización similar.

    “Enviamos dinero desde Rusia a Georgia, donde tenemos nuestras tarjetas. Desde Georgia enviamos a otros países de Europa o Estados Unidos a nuestros amigos o familiares y ellos nos envían desde sus países a Argentina”, explica.

    Sviatoslav también apela a las criptomonedas. “Hay dos formas de traer dinero aquí: si tienes una factura de criptomonedas o si tienes amigos que viven en otro país y puedes traer dinero o usar Western Union”.

    A pesar de las complicaciones, el cambio los ayuda. “Los precios son bajos si los comparamos con Moscú y por eso con nuestras tierras podemos vivir aquí bien. No somos millonarios, pero podemos vivir bien”, señala Feshchenko.

    De apoco los rusos recién llegaron adaptándose a la vida argentina y, sobre todo, aprendiendo el idioma, uno de sus principales desafíos. Pero también formará tu comunidad: solo en un grupo de Telegram hay más de 3.700 personas que comparten sus dudas y experiencias en el país.

    “He crecido mucho”, dice Shaforostova, y agrega: “En fiebre, va a explotar porque viene mucha más gente. Ya te estoy contactando para que vengas a Febrero. Es mucha gente”.

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