Mié. Abr 10th, 2024

    (CNN Español) — Como un pañuelo de seda que viaja por los aires, acariciando y enamorando al público de un concierto diferente. Así, los espectadores experimentan la experiencia musical adaptada de Disney para personas neurodivergentes. Un evento que la compañía calificó como el primero de su tipo en Latinoamérica en un recinto de la talla del Teatro Colón. “Me parecía que estaban allí como encantados”, dice Thiago Tiberio, director musical a cargo del espectáculo realizado en Buenos Aires.

    La iniciativa se dio en el marco del espectáculo “Disney 100 en Concierto”, con motivo del primer centenario de la pionera empresa de entretenimiento.

    “Para nosotros es un gran paso, para la industria, en terreno para Disney”, dice Belén Urbaneja, vicepresidenta de Responsabilidad Social Corporativa, Gestión de Marca y Diversidad e Inclusión de The Walt Disney Company Latin America.

    El espectáculo requirió una preparación tan ardua como detallada, un desafío que implicó atravesar un túnel sin tener claro qué encontrarías al otro lado.

    “Vinimos (al Teatro Colón) a hacer encuestas constantes para poder calcular cuáles son los estímulos, que ya son demasiados”, narra Matías Cadaveira, psicólogo especialista en neurodiversidad, quien se encargó de la tarea fundamental de explorar el espacio del teatro mítico.

    El objetivo era ofrecer una experiencia sensorial, auditiva y lumínica amistosa y relajada que pudiera empatizar con una audiencia neurodivergente donde la hipersensibilidad es a menudo un sello distintivo.

    «El concepto de neurodivergencia es amplio. Se trata de condiciones de aprendizaje como la dislexia, los trastornos de falta de atención, el espectro autista…» Espectro autista). “Son divergentes en su función neurocognitiva en relación a la mayoría de la población”, amplía la especialista subrayando que, en neurodiversidad, todos somos diferentes.

    Esta experiencia teatral permitió unir las diferencias de todo el público que siguió el espectáculo, que duró poco más de una hora.

    «El volumen era bajo. No fue un susto. Fue un placer», nos cuenta Inés Tavosnanska, una madre que ayudó con sus dos hijos, uno de ellos neurodivergente. “Había música constantemente. Para mí es fundamental porque los atrae. Si es parte del diálogo, al menos mi hijo quiere seguirlo”, continúa con una sonrisa.

    Este es uno de los aspectos esenciales del espectáculo innovador.

    “Para los más complicados, cuando pasa de algo muy suave, a algo muy fuerte, y luego otra vez suave”, explica Thiago Tiberio, quien remarcó que debía enfatizar con la orquesta esa música tranquila, el conjunto y la concentración seria. la clave para el éxito.

    Este punto es tan importante como la empatía, advierte Matías Cadaveira, especialista en autismo. La psicóloga, que trabajó con la ONG Salidas Inclusivas, aboga por “cambiar el chip y entender que la discapacidad no está en la mente o el cuerpo de la persona, sino en entornos donde no somos lo suficientemente amables, accesibles o adaptables y flexibles”.

    El trabajo de producción también incluyó la incorporación de un GPS de señalización para que, desde sus casas y antes del evento, el público se hiciera amigo del espacio que encontraría al llegar al teatro.

    Belén Urbajena, impulsora de la iniciativa, admite: «Casi no miré el show. Miré alpublico». Y ahí quedó la respuesta sobre si el concierto funcionó o no.

    Silencio espartano, concentración zen y disfrute dionisiaco fue la respuesta de un público que llegó al 70% del aforo de la sala (el máximo permitido) y de los suelos del escenario.

    Sobre el escenario, a la vez, una orquesta de 60 músicos, cantantes, bailarines, acróbatas y una pantalla conformaron esta propuesta tridimensional. Clásicos como Cenicienta, El libro de la selva, La sirenita, La bella y la bestia, Frozen, Mulán, entre otros, tuvieron su lugar.

    La capacitación fue vital, según el cantante Patricio Witis, quien señala que fue vital la asistencia de un especialista en espectro autista. «Este tipo de conocimiento sobre nosotros nos ha ayudado mucho a entender realmente por qué hacemos las cosas que hacemos», dijo.

    “Sabía que no íbamos a recibir aplausos, que no sería una cosa efusiva, un lugar neurotípico. Para mí era una cosa muy bonita, muy pacífica, muy budista, muy tranquila”, reflexiona Thiago Tibeiro. Con la misma destreza con la que maneja la batuta, este director brasileño afincado en Estados Unidos entiende que ser autista o manifestar otras formas de neurodivergencia no debe ser un impedimento para disfrutar de un espectáculo. “No está bien. No somos así. Somos seres humanos. Amamos a todos. Hay que hacer todo por todos”, agregó.

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